L’odissea d’una escultura amagada


Casa número 7 de la calle de Copons, perteneciente algún tiempo a los monjes de Montalegre,
hoy desaparecida, habiéndose edificado otra en el mismo solar que lleva igual número.
(Foto: Cano Barranco)

 
En l'actualitat, sovint oblidem que les nostres ciutats amaguen tresors artístics que han resistit el pas del temps. Un exemple d'aquesta riquesa oculta és la història de la casa número 7 del carrer de Copons, a Barcelona, on es va descobrir una escultura barroca de Sant Bruno, fundador de l'orde dels cartoixans. Aquest article narra la peripècia d'aquesta obra escultòrica, des de la seva ocultació durant anys fins a la seva exposició actual a l'Ajuntament de Barcelona. El text original que segueix es manté íntegre, tal com va ser publicat. Una història que ens recorda la importància de preservar el nostre patrimoni artístic i cultural.

"Ocurre con alguna frecuencia la desaparición de notables obras de arte por haber sido poco divulgadas, unas veces por ignorar su existencia, otras, y son las más, por olvido o abandono. El caso que vamos referir reviste cierto interés, ya que estuvo en un tris la desaparición definitiva de la escultura que motiva este artículo.

Al efectuar las obras de la Reforma y derribarse la casa número 7 de la calle de Copons, hallóse en una hornacina existente en la fachada de la misma, una magnífica escultura de piedra que representa San Bruno, fundador de la Sagrada Orden de los Cartujos.

La casa a que hacemos referencia perteneció a los monjes de Montalegre, de Tiana, y servía de casa de Procuración para los religiosos que venían a la Ciudad Condal. La hornacina pertenece al estilo barroco, y en la escultura hállase una inscripción que indica el año 1781.

Cuando los deplorables sucesos del año 1835 sus moradores viéronse obligados por las circunstancias a evacuarla, teniendo antes la precaución de tapiar la hornacina, dejando en su interior la escultura a merced de la suerte. El gobierno puso a pública subasta la casa, que fue adquirida hasta su demolición por distintos compradores. Era de antigua construcción, siendo restaurada en el año 1878. 

Ninguno de los propietarios se tomó la molestia de ver lo que la hornacina encerraba. Vino la Reforma y la piqueta demoledora derribó los ladrillos que la tapaban, quedando al descubierto aquel hermoso bloque viviente, el cual se hallaba en perfecto estado. Desde el éxodo de los religiosos parecía haber pasado inadvertida, por las varias generaciones que se han sucedido, la existencia de dicha imagen. Humilde cronista de algunas casas de la misma Orden, tuve la curiosidad, al enterarme de haber pertenecido el inmueble a los venerables Padres de Montalegre, de averiguar lo que se ocultaba en aquel relicario de arte. El año 1922 realicé varias gestiones a tal fin, aunque inútilmente, teniendo que contentarme con la obtención de un clisé fotográfico de la hornacina tapiada. Celoso de saciar mi curiosidad aproveché el momento del derribo, y tan pronto quedó al descubierto la figura austera de San Bruno, nuevamente impresioné en la placa la aparecida figura escultórica.

Al propio tiempo que obtenía el documento gráfico, me informé, por los vecinos de la calle de que en los aciagos días que se sucedieron durante la exclaustración, interesáronse varios de aquéllos para que la imagen se depositara en alguna casa, iglesia o capilla de aquellos aledaños, dada la veneración de que era objeto, desde hacía muchos años y que algunos por tradición aún conservaban, no obstante permanecer oculta.

Según disposición de la Alcaldía, los hallazgos de carácter artístico pasan a favor de los museos de dicha corporación. En efecto, incautóse de la misma y fue trasladada a uno de ellos. Más adelante se dispuso colocarla en el propio edificio del Ayuntamiento al hacer la ampliación del mismo, y en él puede admirarse hoy sobre el dintel de una puerta, en la propia hornacina, de la calle de San Miguel.

De no mediar la legislación municipal sobre esta materia, hubiera sido preferible su devolución a los silenciosos moradores de Montalegre, ya que un tiempo eran propietarios de la misma, y en recompensa de haber sido pasto de las llamas otra notabilísima talla en madera representando también San Bruno, labrada por Damián Campeny, que existía en una de las capillas del repetido cenobio que, según opinión de personas competentes que tuvieron la dicha de verla, era una maravilla. ¡Cuánto júbilo hubieran experimentado los austeros monjes y con cuán extraordinario fervor la hubieran venerado y conservado! Por otra parte, se hubiera evitado el mal efecto que produce el abandono en que actualmente se la tiene, rayano en irreverencia, ya que desde hace mucho tiempo desprendiósele de la cabeza el nimbo, que le quedó suspendido en el cuello, sin que nadie se haya preocupado de su arreglo. Produce su visión, además del mal efecto artístico, cuantos visitan el histórico edificio, una nota de ser poco respetuosos con los símbolos sagrados, dándoles motivo para atribuir un delito de escarnio a la religión lo que simplemente es carencia de celo por las obras de arte."

Autor: Pedro Cano Barranco 
Font: 


Hornacina de la casa número 7 de la calle de Copons, en cuyo interior hallóse la escultura
de San Bruno. Foto obtenida en agosto de 1922, cuando permanecía tapiada.
(Foto: Cano Barranco)
Hornacina descubierta en donde aparece la escultura de San Bruno.
Foto obtenida en abril de 1927, el día en que se derribó el tabique.
(Foto: Cano Barranco)
La escultura de San Bruno hallada en la hornacina de la casa número 7
de la calle de Copons, tal como se encuentra hoy en la calle de San Miguel.
(Foto: Cano Barranco)
"Hornacina", ara al carrer de la Font de Sant Miquel. (Aportació de carles Arola Vera en el grup de Facebook)

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